Jesús dijo: consumado es

El Hijo de Dios se hizo hombre. Vivió una vida de perfecta virtud y de total auto negación. Durante toda Su vida fue despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto. Tuvo pocos amigos, y esos pocos le fueron infieles. Tuvo muchos enemigos. Fue entregado a los que lo odiaban. Lo arrestaron mientras oraba. Lo vistieron de púrpura para burlarse de Él y luego le desnudaron para avergonzarlo. 
Fue declarado inocente y sin embargo el juez que debió haberlo protegido de sus perseguidores lo entregó. Fue arrastrado a lo largo de las calles de Jerusalén, conducido a la cruz. Allí fue clavado firmemente al cruel madero. Sus heridas aumentaban la fiebre, y en medio de su sufrimiento siente que Dios lo desampara. "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" pregunta, expresando la angustia concentrada del mundo. Mientras estaba clavado allí en conflicto mortal con el pecado y Satanás, Su corazón estaba quebrantado y sus cuerpo sufriendo las consecuencias de todo el maltrato y la crucifixión. 
En aquel momento,  el sol se escondió tras las tinieblas. Sus discípulos lo dejaron y huyeron. No había nadie a su alrededor para ayudarlo ni para compartir Su pena. Sin embargo, Él siguió adelante, determinado con firmeza a beber hasta la última gota de ese cáliz que no debe pasar de Él, con el único objetivo de cumplir la voluntad de Su Padre. 
Finalmente clamó: "Consumado es," y entregó el espíritu. Juan 19:30

¡Óiganlo, cristianos, oigan este grito de triunfo que resuena hoy con toda la frescura y la fuerza que tuvo hace dos mil años! ¡Óiganlo desde la Palabra Sagrada y de los labios del Salvador, y que el Espíritu de Dios abra sus oídos para que puedan oír como los entendidos, y entender lo que oyen!

Basado en Predicación de Charles Spurgeon


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